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5 Verdades Incómodas de la Guía 2025 de Artrosis de Cadera (y qué tan sólida es realmente la evidencia detrás)

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    AF Performance solutions
  • 7 dic 2025
  • 9 Min. de lectura

IA PODCASTAF PERFORMANCE

Si me preguntás, las guías de práctica clínica son una de las formas más simples y ordenadas de entrar a un tema o actualizarse sin tener que leer en decenas de artículos individuales. De hecho, mi recomendación para los clínicos suele ser justamente esa: tener a las guías como una referencia rápida para alinear la práctica con la mejor evidencia disponible, sobre todo cuando vienen de grupos serios y revistas con prestigio internacional.


Pero no todo lo que brilla es oro.


Una guía es un resumen interpretado de la evidencia, no la evidencia misma. Detrás de cada recomendación hay decisiones: qué estudios incluir, cómo ponderar su calidad, qué desenlaces priorizar, qué valores y preferencias asumir. Y ahí es donde nuestra formación debería ir un paso más allá: no quedarnos solo con la letra (A, B, C, D…), sino preguntarnos de qué están hechas esas letras.

MIRA EL RESUMEN DE LA GUIA ACA:



Por eso este blog no solo resume lo que propone la nueva guía de artrosis de cadera, sino que intenta algo un poco más incómodo y necesario: mirar de cerca la calidad de los estudios que la sostienen, preguntarnos qué tan robustos son esos hallazgos, qué tan aplicables son a nuestros pacientes y hasta dónde estamos siguiendo evidencia… o inercia.



La nueva Guía de Práctica Clínica (GPC) de 2025 para la artrosis de cadera, publicada por la APTA/JOSPT, actualiza el mapa de tratamiento que veníamos utilizando desde 2017. Estas guías son una herramienta crucial para alinear nuestra práctica con la mejor evidencia disponible, pero es fundamental leerlas con una lupa crítica.



Una recomendación "Grado A" no es una verdad absoluta. La propia guía la define como una recomendación donde "la fuerza de la recomendación es alta, considerando balance beneficio/daño, consistencia y aplicabilidad". Detrás de cada letra hay estudios concretos, con sus virtudes y sus flaquezas.

El propósito de este artículo no es descartar técnicas, sino analizar los hallazgos más impactantes y contraintuitivos. Es una invitación a entender la verdadera solidez de la evidencia que respalda nuestra práctica clínica diaria y a refinar la manera en que aplicamos estas recomendaciones.




1. Terapia manual: recomendación Grado A, evidencia real… ¿qué tan buena es?



La guía mantiene su recomendación Grado A para la terapia manual (thrust, non-thrust y movilizaciones de tejidos blandos) en pacientes con artrosis de cadera leve a moderada. La dosis sugerida es de 1 a 3 veces por semana durante 6 a 12 semanas para reducir el dolor, la rigidez y mejorar la función.


La guía destaca una observación clave sobre la fuerza aplicada durante la movilización:

• Fuerzas más altas: Generan mejores cambios en el rango de movimiento.

• Fuerzas más bajas: Producen mejores cambios en el dolor.


Pero, pero, pero...

Aunque la recomendación es fuerte, la evidencia subyacente tiene matices importantes. El nuevo soporte proviene de estudios con muestras pequeñas y resultados a corto plazo. Una revisión sistemática de Ceballos-Laita & Estébanez de Miguel encontró evidencia de alta calidad, pero otra de Shepherd et al. advierte que 5 de los 10 estudios incluidos tenían un alto riesgo de sesgo. Ensayos individuales como el de Estébanez-de-Miguel et al. confirman la relación entre la fuerza de movilización y el resultado (fuerza alta para ROM, baja para dolor), mientras que el de Pawlowska et al. mostró superioridad de la terapia manual frente a ultrasonido y magnetoterapia, aunque con un seguimiento de solo 2 semanas. No estamos ante mega-ensayos multicéntricos, sino ante un cuerpo de evidencia decente pero no espectacular.


La lectura entonces sería: la terapia manual tiene un rol válido y razonablemente respaldado en el manejo de la artrosis de cadera, especialmente combinada con ejercicio. Pero no es la solución principal


2. Ejercicio: la estrella… con efectos modestos. ¿Será que no aprendimos a dosificar cargas?


Como era de esperar, la guía mantiene con Grado A el uso de ejercicios individualizados de flexibilidad, fortalecimiento y resistencia. La dosis recomendada es de 1 a 5 veces por semana durante 6 a 12 semanas para mejorar el dolor y la función.



Aunque el ejercicio es el pilar indiscutible del tratamiento, es crucial ser honestos sobre la magnitud de sus efectos. Los meta-análisis citados en la guía, como los de Teirlinck et al. y James et al., muestran consistentemente efectos "pequeños a moderados" en las variables de dolor y función. Este es un dato vital para gestionar las expectativas del paciente.


Un meta-análisis clave de Moseng et al. añade un matiz fundamental: los programas de fuerza progresiva y supervisados se asocian a mejores resultados que los de "bajo estímulo" o los ejercicios caseros no guiados. La dosis y la progresión importan, y mucho.


Un punto que a menudo se pasa por alto es que muchos estudios de artrosis mezclan pacientes con afectación de rodilla y cadera. La evidencia es considerablemente más robusta y de mayor magnitud para la artrosis de rodilla que para la de cadera, donde los efectos son más variables.


El ejercicio sigue siendo el pilar, pero no “cura” la artrosis

El mensaje para el paciente (y para nosotros) no debería ser "el ejercicio lo resuelve todo", sino: El ejercicio bien dosificado es probablemente lo mejor que tenemos a nivel costo/beneficio, pero sus efectos son moderados y dependen muchísimo de la dosis, la progresión y la adherencia real.


3. Punción Seca: ¿Una recomendación Grado A basada en evidencia limitada?


Una de las mayores sorpresas de la guía es la inclusión de la punción seca con una recomendación Grado A, un respaldo que merece un análisis detallado.


La GPC 2025 recomienda la punción seca (Grado A) para puntos gatillo miofasciales en los músculos iliopsoas, recto femoral, TFL, glúteo medio y menor. Esta recomendación es para pacientes con artrosis de cadera Grado II-III y tiene como objetivo obtener mejoras a corto plazo (3 semanas) en extensibilidad, dolor, rango de movimiento (ROM), función y fuerza. La guía también señala que no se reportaron eventos adversos en los estudios incluidos.



Pero ¿Qué hay detrás?


  • La recomendación se apoya en: Cuatro ECAs “de alta calidad” con un análisis secundario, todos del mismo grupo de investigación español (Ceballos-Laita y col.).

  •  Seguimiento corto: Los efectos positivos solo se miden a muy corto plazo (3 semanas). La propia guía admite que los efectos a largo plazo son desconocidos.

  • Comparadores débiles: En muchos casos, la punción seca se compara contra "no intervención" o intervenciones de baja calidad, no contra un programa de ejercicio y educación bien diseñado, que es el estándar de oro en la práctica clínica.



La punción seca parece razonablemente útil como herramienta de corto plazo para bajar el dolor y facilitar la entrada al trabajo de fuerza y carga. Pero con esta calidad de evidencia, no deberíamos plantearla como intervención central y exclusiva en la artrosis de cadera. Sí puede estar en tu caja de herramientas, pero no debería reemplazar lo que tiene más evidencia a largo plazo. Enfoquemosnos en el costo-beneficio de las intervenciones, dando prioridad a estrategias a largo plazo.


4. Ultrasonido Terapéutico: Cada vez mas guardado en el cajón


En una de las actualizaciones más notables, la recomendación para el ultrasonido terapéutico (US) ha sido rebajada a Grado D, lo que indica evidencia contradictoria. Este cambio refleja una tendencia creciente a cuestionar la eficacia de las modalidades pasivas.


La Evidencia Decisiva: El estudio de Király et al.


El principal responsable de este cambio es un ECA de alta calidad de Király et al. Este estudio comparó cuatro grupos en 72 pacientes: US continuo, US pulsado, US combinado con electroestimulación y placebo US. Es crucial destacar que todos los grupos recibieron, además, el tratamiento convencional (ejercicio y masoterapia).

El hallazgo fue inequívoco: no hubo diferencias significativas en dolor, función o calidad de vida entre ninguno de los grupos (incluido el placebo) a las 14 semanas de seguimiento.



A día de hoy, no existe una justificación sólida para utilizar el ultrasonido como pilar del tratamiento en la artrosis de cadera. El principal problema es el costo de oportunidad: cada minuto que un paciente pasa recibiendo US es un minuto que se resta a intervenciones con un respaldo mucho más fuerte, como la educación o el ejercicio terapéutico.


5. Bracing y órtesis: recomendación F, evidencia = cero


La guía otorga una recomendación Grado F para el uso de órtesis (bracing). Este grado se reserva para la "opinión de expertos", lo que significa que no se basa en evidencia de ensayos clínicos.


La guía es honesta en su actualización de evidencia de 2025, afirmando textualmente: "No hay estudios que investigaran la efectividad de las órtesis. Por lo tanto, la recomendación no ha cambiado".


Esto significa que, literalmente, no existen ensayos clínicos que evalúen la efectividad de las órtesis para la artrosis de cadera. La recomendación de usarlas en casos muy específicos se basa únicamente en el razonamiento biomecánico y la experiencia clínica acumulada, no en datos experimentales.



La guía nos advierte que usar una órtesis como primera línea de tratamiento es "volar sin instrumentos de evidencia". Podría tener un rol muy puntual en casos seleccionados, como por ejemplo en "actividades con giros/cambios de dirección, especialmente en casos bilaterales", y solo después de haber agotado otras opciones con mayor respaldo. No debe considerarse como un tratamiento inicial.


Conclusión: cómo integrar todo esto sin cambiar de “religión” cada vez que sale una guía


La GPC 2025 de artrosis de cadera refuerza el rol central del ejercicio y la terapia manual, abre una puerta cautelosa a la punción seca como herramienta válida a corto plazo, y debilita significativamente el respaldo a modalidades pasivas como el ultrasonido.


  • Ejercicio: pilar central, con efectos modestos pero consistentes. La clave es la DOSIS


  • Terapia manual: respaldo razonable; útil para abrir ventana de movimiento y modular dolor, siempre integrada a un programa activo.


  • Punción seca: datos prometedores, pero todavía deja mucho que desear. Parece ser una buena herramienta para el corto plazo, si te gusta, podes implementarla.


  • Ultrasonido: Debemos ser conscientes de su limitada evidencia. A día de hoy no encuentro el sentido de usarla.


  • Bracing: todo opinión de expertos. Nada de datos directos en cadera. Dejala para algunos casos muuuuy puntuales



Esto nos recuerda que la calidad de la evidencia, incluso para nuestras herramientas más preciadas, a menudo es moderada y se basa en seguimientos cortos. Frente a esta evidencia, el reto clínico es claro: ¿cómo comunicamos honestamente que nuestros mejores tratamientos tienen efectos moderados para construir expectativas realistas y fortalecer la adherencia del paciente, que es, en última instancia, el ingrediente activo más potente que tenemos?




BIBLIOGRAFIA

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